Rutinas previsibles, niñez en el espacio público y movilidad intensificada: un escenario que exige prevención estructural y corresponsabilidad ciudadana.

Febrero y el regreso a clases exige seguridad vial y comunitaria como eje de protección social. El mes de febrero marca en Costa Rica el regreso a clases y con ello una transformación profunda de la dinámica social: calles más congestionadas, zonas escolares activas y mayor presencia de niñas y niños en el espacio público. Este escenario, lejos de ser neutro, incrementa riesgos viales y comunitarios que, desde la criminología, son altamente previsibles. Analizar los nuestros entornos nos brindan seguridad y permite comprender cómo la prevención cotidiana puede reducir vulnerabilidades y proteger la vida.

Un país hiperconectado, pero sin protección

Costa Rica es un país con altos niveles de movilidad diaria y una estructura urbana que combina zonas residenciales, educativas y comerciales en espacios compartidos. Cada febrero, el regreso a clases intensifica esta convivencia, exponiendo una debilidad recurrente: la falta de cultura preventiva sostenida en torno a la seguridad vial y comunitaria.

Según datos del Consejo de Seguridad Vial (COSEVI), los primeros meses del año registran un aumento en incidentes de tránsito vinculados a distracción, exceso de velocidad y falta de respeto a zonas escolares. Paralelamente, informes del Ministerio de Seguridad Pública advierten que los entornos con rutinas previsibles facilitan oportunidades delictivas si no existe vigilancia natural ni organización comunitaria.

Desde la criminología ambiental, la rutina es un factor clave: horarios fijos, trayectos repetidos y concentración de población vulnerable configuran escenarios donde el riesgo no es casual, sino estructuralmente anticipable. Febrero, por tanto, debe leerse como un mes estratégico para la prevención.

La seguridad como proceso mensual: febrero y sus cuatro semanas críticas

Febrero como un mes de intervención progresiva, donde cada semana aborda una dimensión específica del riesgo asociado al regreso a clases. Esta secuencia permite construir una prevención integral que involucra a familias, conductores, comunidades e instituciones.

Cuadro 1 - Seguridad comunitaria
Cuadro 1. Semana 1 – Seguridad comunitaria y entornos escolares
Enfoque preventivo Tips de seguridad y recomendaciones
Rutinas previsibles Identificar horarios y rutas escolares permite anticipar riesgos y reforzar la vigilancia comunitaria.
Entornos seguros Mantener calles limpias, iluminadas y con visibilidad reduce oportunidades delictivas.
Organización vecinal La comunicación entre vecinos fortalece la protección informal de niñas y niños.

La primera semana del mes de febrero pone en evidencia cómo las rutinas sociales predecibles generan tanto estabilidad como vulnerabilidad. Desde la criminología ambiental, la repetición diaria de horarios escolares, trayectos fijos y puntos de concentración infantil configura lo que se denomina patrones de oportunidad. Estos patrones no implican necesariamente una amenaza inmediata, pero sí aumentan el riesgo cuando el entorno carece de vigilancia natural o cohesión comunitaria.

Los entornos escolares seguros no se construyen únicamente con presencia policial, sino con comunidades activas que reconocen su rol preventivo. Calles bien iluminadas, ausencia de obstáculos visuales y la presencia constante de adultos atentos reducen significativamente la posibilidad de conductas delictivas o situaciones de riesgo. Diversos estudios han demostrado

que la percepción de control social informal disuade al potencial infractor, incluso más que algunas medidas formales.

Asimismo, la organización vecinal fortalece la capacidad de respuesta temprana. Cuando las personas se conocen, se comunican y comparten información básica sobre horarios y dinámicas del barrio, se reduce el anonimato, uno de los factores que más favorece el delito. En este sentido, la seguridad comunitaria no es vigilancia excesiva, sino corresponsabilidad activa y solidaria.

Cuadro 2 - Seguridad vial
Cuadro 2. Semana 2 – Seguridad vial en zonas escolares
Enfoque preventivo Tips de seguridad y recomendaciones
Velocidad Reducir la velocidad en zonas escolares disminuye hasta en un 40% la gravedad de un atropello.
Atención plena Evitar el uso del celular mientras se conduce es una medida crítica de protección.
Respeto normativo Señales, pasos peatonales y zonas escolares no son sugerencias, son salvaguardas de vida.

Datos de COSEVI indican que el factor humano está presente en más del 90% de los accidentes viales. La prisa matutina y la sobreconfianza del conductor convierten la zona escolar en un espacio de alta vulnerabilidad. La seguridad vial no es solo técnica, es ética.

La segunda semana profundiza en uno de los factores más críticos del regreso a clases: la movilidad vehicular. Las zonas escolares concentran peatones vulnerables, especialmente niñas y niños cuyo desarrollo cognitivo aún no les permite evaluar adecuadamente la velocidad y distancia de los vehículos. Desde la criminología vial, esta condición convierte a dichas zonas en espacios de alta responsabilidad ética para el conductor.

Las estadísticas nacionales indican que una reducción mínima en la velocidad puede marcar la diferencia entre una lesión leve y una fatalidad. Sin embargo, el exceso de confianza, la prisa matutina y la distracción tecnológica continúan siendo conductas normalizadas. El uso del

teléfono celular mientras se conduce fragmenta la atención y reduce drásticamente la capacidad de reacción ante eventos inesperados, como el cruce repentino de un menor.

El respeto a la señalización vial no debe interpretarse como una imposición legal, sino como un acuerdo social de protección mutua. Las zonas escolares son espacios compartidos donde la prioridad absoluta es la vida humana. Cuando los conductores asumen este principio, la seguridad vial deja de ser una obligación externa y se transforma en una práctica consciente de cuidado colectivo.

Cuadro 3 - Prevención desde el núcleo familiar
Cuadro 3. Semana 3 – Prevención desde el núcleo familiar
Enfoque preventivo Tips de seguridad y recomendaciones
Educación preventiva Enseñar a niñas y niños a identificar riesgos fortalece su autonomía.
Comunicación Dialogar sin generar miedo crea confianza y capacidad de respuesta.
Redes de apoyo Identificar adultos y espacios seguros es clave en situaciones de riesgo.

La prevención primaria inicia en casa. La criminología del desarrollo señala que la información clara y adecuada a la edad reduce significativamente la victimización infantil. El silencio o la sobreprotección excesiva, por el contrario, aumentan la vulnerabilidad.La tercera semana desplaza el eje de la prevención hacia el ámbito familiar, reconociendo que la educación en seguridad comienza en el hogar. La criminología del desarrollo ha demostrado que las habilidades preventivas adquiridas en la infancia influyen directamente en la capacidad de identificar riesgos y tomar decisiones seguras a lo largo de la vida.

Hablar con niñas y niños sobre seguridad no implica generar miedo, sino brindar herramientas claras y adaptadas a su edad. Enseñarles a reconocer situaciones incómodas, a no seguir a personas desconocidas y a identificar adultos de confianza fortalece su autonomía preventiva. La información oportuna actúa como una barrera psicológica frente a posibles situaciones de victimización.

La comunicación constante entre padres, madres y personas cuidadoras también permite detectar cambios de conducta que podrían indicar situaciones de riesgo. El silencio, la falta de diálogo o la minimización de las preocupaciones infantiles debilitan la red de protección. En contraste, las familias que fomentan la confianza y la expresión emocional contribuyen activamente a la prevención primaria del delito y de otras formas de violencia.

Cuadro 4 - Comunidad activa y corresponsabilidad social
Cuadro 4. Semana 4 – Comunidad activa y corresponsabilidad social
Enfoque preventivo Tips de seguridad y recomendaciones
Vigilancia natural La presencia activa de vecinos disuade conductas delictivas.
Solidaridad Acompañar a menores y personas vulnerables fortalece el tejido social.
Reporte oportuno Informar situaciones sospechosas previene hechos mayores.

Las comunidades organizadas presentan menores índices de delito y mayor percepción de seguridad. La prevención no depende únicamente del Estado; se construye desde la interacción cotidiana. La cuarta semana consolida el enfoque integral del mes al resaltar la importancia de la comunidad como actor preventivo. Desde la criminología comunitaria, la presencia activa de vecinos atentos reduce oportunidades delictivas al aumentar la percepción de control social. El delito tiende a desplazarse de aquellos entornos donde existe cohesión y vigilancia natural.

La solidaridad comunitaria se manifiesta en acciones simples pero efectivas: acompañar a menores en trayectos, estar atentos a situaciones inusuales y ofrecer apoyo a personas vulnerables. Estas prácticas no solo previenen hechos delictivos, sino que fortalecen el tejido social y la confianza entre vecinos.

El reporte oportuno de situaciones sospechosas también es un componente clave. Informar a las autoridades o a las redes comunitarias permite una intervención temprana y evita la escalada de situaciones de riesgo. La prevención comunitaria no sustituye al Estado, pero sí lo

complementa, generando un modelo de seguridad compartida donde cada persona asume un rol activo en la protección colectiva.

Discusión crítica

Febrero evidencia una tensión estructural: la sociedad exige seguridad, pero reproduce conductas de riesgo. El exceso de velocidad, la distracción, la indiferencia comunitaria y la falta de diálogo preventivo reflejan una cultura reactiva más que preventiva.

Desde la criminología crítica, la seguridad debe dejar de entenderse como control posterior y asumirse como responsabilidad compartida. Nuestos tips de seguridad no son recomendaciones aisladas, sino piezas de una estrategia de prevención social que busca reducir daños antes de que ocurran. El análisis de las cuatro semanas de febrero demuestra que la seguridad no es un evento aislado, sino un proceso continuo que involucra espacio, conducta y relaciones sociales. Cada semana aporta una dimensión distinta: entorno, movilidad, familia y comunidad, que, al integrarse, construyen una estrategia sólida de prevención social.

Este enfoque mensual permite comprender que la seguridad no depende exclusivamente de grandes intervenciones institucionales, sino de decisiones cotidianas sostenidas en el tiempo. Cuando la sociedad asume la prevención como parte de su cultura, el riesgo disminuye y la protección se convierte en una práctica compartida.

Conclusión

Marcado por el regreso a clases y la reactivación plena de la rutina social, evidencia con claridad que la seguridad no es un fenómeno espontáneo ni un asunto exclusivamente institucional. Por el contrario, la seguridad vial y comunitaria se construye día a día a partir de

decisiones individuales que, acumuladas, generan impactos colectivos profundos. Las cuatro semanas de análisis demuestran que el riesgo no surge de manera aleatoria, sino de patrones sociales previsibles que pueden ser anticipados, gestionados y reducidos mediante prácticas preventivas sostenidas.

La protección de la niñez y de las personas más vulnerables exige reconocer que el espacio público es compartido y que cada actor social: conductores, familias, comunidades e instituciones, cumple un rol insustituible. Reducir la velocidad en zonas escolares, evitar distracciones al volante, planificar los trayectos y respetar la señalización vial no son simples normas de tránsito; constituyen actos concretos de responsabilidad ética y social. Cada una de estas acciones tiene el potencial de prevenir lesiones, salvar vidas y fortalecer la convivencia.

Desde el ámbito familiar, la prevención se consolida cuando existe comunicación abierta y constante con niñas y niños. Hablar sobre seguridad, explicar riesgos de manera clara y fomentar la confianza permite que la niñez desarrolle habilidades de autoprotección sin miedo, promoviendo una cultura preventiva desde las primeras etapas del desarrollo. La información oportuna y el acompañamiento emocional se convierten en herramientas tan importantes como cualquier medida estructural.

A nivel comunitario, la corresponsabilidad emerge como uno de los pilares más sólidos de la seguridad. Las comunidades que se observan, se comunican y se apoyan generan entornos menos propicios para el delito y el accidente. La vigilancia natural, la solidaridad vecinal y el reporte oportuno de situaciones de riesgo no implican control excesivo, sino cuidado colectivo. Cuando el anonimato se reduce, la prevención se fortalece.

Finalmente, este análisis permite reafirmar que la seguridad no debe abordarse de forma reactiva, después de que el daño ocurre, sino como un proceso preventivo continuo integrado

a la vida cotidiana. Febrero representa una oportunidad estratégica para sentar las bases de una cultura de seguridad que se extienda durante todo el año. Cuidarse en la calle, en la carretera, en el barrio y en el hogar es una decisión consciente que protege no solo a quien la adopta, sino a toda la sociedad.

“Prevenir es un acto de compromiso social. Y en ese compromiso, cada acción cuenta. Cuidar en febrero es sembrar seguridad para todo el año”

Fuentes Bibliográficas

Consejo de Seguridad Vial. (2024). Estadísticas nacionales de siniestralidad vial y factores de riesgo asociados. San José, Costa Rica: COSEVI.

Felson, M., & Clarke, R. V. (1998). Opportunity makes the thief: Practical theory for crime prevention. Londres: Home Office Research, Development and Statistics Directorate.

Ministerio de Educación Pública. (2024). Lineamientos de convivencia, seguridad y protección en centros educativos. San José, Costa Rica.

Ministerio de Seguridad Pública. (2024). Informe anual de prevención comunitaria y seguridad ciudadana. San José, Costa Rica.

Organismo de Investigación Judicial. (2023). Análisis de patrones de victimización infantil y riesgos en espacios públicos. San José, Costa Rica.

Organización Mundial de la Salud. (2023). Global status report on road safety. Ginebra: OMS.

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. (2022). Seguridad humana y prevención de la violencia en América Latina. Nueva York: PNUD.

Sherman, L. W., Farrington, D. P., Welsh, B. C., & MacKenzie, D. L. (2002). Evidence-based crime prevention. Londres: Routledge.

United Nations Office on Drugs and Crime. (2021). Handbook on crime prevention guidelines. Viena: UNODC.